
A pesar de que muchas civilizaciones antiguas tenían métodos para cambiar el horario con el objetivo de aprovechar mejor la luz solar, la historia reconoce al celebérrimo prócer americano Benjamin Franklin, como el primero en documentar en 1784 dicho cambio.
Incluso, a pesar que William Willett, en su publicación The Waste of Daylight sentó las bases del cambio horario, no fue sino hasta 1916, en plena primera guerra mundial, que su uso se extendió en muchos países.